Me parece que España tiene fama (y no puedo decir que inmerecida) de ser un país muy ruidoso. Hablamos alto, nos reímos alto, y normalmente acompañamos nuestras celebraciones con música alta (a veces llegamos a límites insospechados…¿has leído el artículo de Las Fallas?).
Pero las celebraciones de Semana Santa son totalmente diferentes. Aunque muchas fiestas en España tienen más o menos relación con la religión Católica (Las Fallas se celebran supuestamente en honor a San José, los San Fermines a San Fermín…) uno suele quedarse con la sensación de que la celebración religiosa es poco más que una excusa para la diversión y la parranda; bien, esta reflexión no es aplicable a la Semana Santa.
La Semana Santa en España tiene un profundo sentimiento de respeto y veneración que no comparten otras celebraciones. Cuando las procesiones de hermanos o cofrades, vestidos con hábito o túnica y capucha o capirote, acompañan los pesados pasos con esculturas de escenas bíblicas- pasos llevados con tremendo esfuerzo por otros hermanos voluntarios, que lo consideran un verdadero honor- al rítmico son de los tambores, la emoción que se siente en el ambiente es sobrecogedora, hasta el punto de afectar incluso al público no religioso o perteneciente a otra fe.
La Semana Santa más vistosa y ornamentada es sin duda la de Andalucía. La pompa de los pasos, el increíble ambiente y el fervor religioso de Málaga y Sevilla no tienen comparación.
La Semana Santa en Castilla y León es bastante diferente, mucho más austera e incluso sombría, llena de un sentimiento contenido que se expresa en el opresivo silencio, roto sólo por el sonido de tambores, trompetas, y en ocasiones cantos Gregorianos. La Semana Santa de Zamora tiene el honor de ser la más antigua de España, con sus primeras referencias escritas fechadas en el siglo XIII. La belleza fantasmagórica de sus procesiones nocturnas, en las que sólo la llama de las antorchas que portan los cofrades encapuchados combate la oscuridad, sólo puede competir con el asombroso valor histórico-artístico de sus centenarios pasos.
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