Cuando E.M. Forster escribió su obra maestra en 1908, eligió un planteamiento aparentemente frívolo como punto de partida: Lucy -su joven protagonista- y su prima Charlotte, de viaje por Italia, sufren una decepción cuando su hotel en Florencia les facilita una habitación que da a un patio interior, en lugar de la «habitación con vistas» al río Arno que al parecer les había sido prometida.
Estos «Tours Europeos» parecen haber sido la costumbre entre la juventud de la alta sociedad inglesa y americana de la época, que viajaba al extranjero con el encomiable propósito de admirar las obras cumbre de la Arquitectura y el Arte, conocer diferentes culturas, y sobretodo expandir sus horizontes al entrar en la edad adulta.
Mucho ha cambiado para mejor desde inicios del siglo XX, y el turismo es ahora accesible a gran parte de la población, pero en una época en la que cualquiera puede tomar un avión y estar a miles de kilómetros de distancia en unas pocas horas, siento una especie de afecto por aquellos tiempos en los que los viajes se alargaban durante meses y meses, representando un verdadero rito de iniciación no sólo a la madurez, sino en cierta forma a la sabiduría…
Las vistas del título pueden ser literales o metafóricas -vistas sobre un río o una visión nueva del mundo- si me fuerzan a elegir, yo siempre escogería la segunda opción, al fin y al cabo creo que viajar es un cambio de paisaje mental tanto o más que geográfico… pero si puedo, prefiero tenerlo todo, ¡la nueva visión y la hermosa vista!
He estado alojada en habitaciones en la que podía ver las estrellas tumbada en la cama a través de una ventana panorámica en el techo encima justo de mi cabeza. Habitaciones con una relajante e hipnótica vista de las aguas turquesa del mar Mediterráneo, o una animada visión del ajetreado corazón de la ciudad. Hay algo mágico en poder disfrutar de las luces y el movimiento de una metrópolis desconocida mientras sorbes un café en la intimidad de tu dormitorio; algo que combina la agradable excitación de la aventura, con esa sensación de paz y bienestar que proporcionan la calidez y el confort…
También hay habitaciones que son verdaderos palcos a iconos arquitectónicos, como famosas Catedrales o Museos. Habitaciones asombrosas en las que te despiertas con la estimulante sensación de que te encuentras exactamente donde quieres estar.
Si la querida señorita Lucy hubiera confiado su viaje a Charmed by Spain, el pobre señor E.M Forster tendría que haberse replanteado el comienzo de su novela… ¡nosotros le hubiéramos asegurado una habitación con vistas increíbles!, aunque -tal y como se desarrolla la novela- eso hubiera sido una pena, ya que podría haber perdido la oportunidad de disfrutar la mejor vista que puedes tener al despertar por la mañana: el rostro de la persona amada.
2



2 Comments On Una habitación con vistas
Manuel
Leer estos textos siempre me evoca sensaciones y emociones muy agradables y cercanas. Se nota que están escritas con la pasión de quien sabe disfrutar de la vida, pero también con
el cariño y la ternura que dan la experiencia vital y un profundo respeto por las personas con las que las has compartido. Enhorabuena y gracias por compartirlo.
Yo también me despierto cada mañana sintiendo la inmensa alegría de poder compartir mis días con las personas amadas.
Carlos
Viajar con charmed es un placer, un encanto. Uno de los mejores momentos los he vivido viajando con ellos. He repetido y indudablemente volveré a hacerlo.