Cuando pienso en Barcelona no visualizo un lugar, sino a una persona. La imagen que me viene a la mente es la de una noble dama del renacimiento, llena de gracia y compostura, mecenas de las artes y las ciencias, rodeada de encanto y belleza.
Puedo ver su piel de alabastro en la espuma del mar, la armonía de sus rasgos en el hermoso Barrio Gótico y la sinuosidad de su cuerpo en el estilo arquitectónico de Gaudí. Oigo su risa en las Ramblas y la música de su voz en el Liceo.
Sueño con banquetes suntuosos con los increíbles alimentos y especias que venden en “La Boqueria”, visito los pasillos de su palacio adornados con obras maestras del arte…y cuando una dama tan encantadora me da la bienvenida con una dulce sonrisa, ¿cómo podría negarme a visitarla?.
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