Siempre me he considerado una viajera nata. Soy feliz cual perdiz probando cocina exótica, intentando comunicarme en otros idiomas, y sobretodo conociendo personas y culturas diferentes. Me gusta incluso hacer y deshacer la maleta, y los medios de transporte son para mí como el seno materno…en serio, yo, que normalmente consigo con esfuerzo dormir 6 horas en mi propia cama, puedo roncar satisfecha durante 8 horas de un tirón bien arrebujada en un asiento de cualquier vuelo transoceánico.
Durante muchos años he podido disfrutar de mi pasión, por trabajo o placer, con la aprobación y apoyo entusiasta de mi esposo, a quien nada le gusta más que traspasar fronteras, hasta que, hará unos dos años, descubrimos con alegría que íbamos a ser padres. Cuando comunicamos la noticia a amigos y familiares nos quedamos de piedra. Tras las felicitaciones de rigor todo el mundo tuvo a bien informarnos- con medias sonrisas un tanto paternales- de que podíamos ir haciéndonos a la idea de quedarnos en casa, al menos durante varios años…
De algún modo, convertirte en mamá es como ser sospechosa de asesinato en las películas: se te aconseja seriamente que no dejes la ciudad…
Afortunadamente, debo decir que pese a todas las predicciones en contra, soy la orgullosa mamá de un Marco Polo de 17 meses (bueno, un Marco Polo hembra en todo caso), que adora viajar tanto como sus papis. Mi bebé soporta aterrizajes y despegues mucho mejor que yo (yo siempre tengo una especie de pitido en el oído que ella no parece haber heredado), y le encanta el AVE (tren de Alta Velocidad de España), donde puede correr pasillo abajo, tambaleándose como si hubiera bebido, mientras dice hola a todos los pasajeros (que siempre le sonríen) e intenta zafarse de mi, que hago lo que puedo para que no se caiga.
Quizás a esta edad los niños no lleguen a desarrollar recuerdos duraderos de un viaje. Quizás no se «beneficien» del mismo tipo de experiencia vital que pueda tener un adulto o un niño mayor, pero al mismo tiempo, me he dado cuenta de que son mucho más abiertos que nosotros, están llenos de curiosidad, no rechazan nada, todo les asombra…y no echan de menos el hogar. Se dice que tu hogar está donde está tu corazón, y cuando un bebé viaja con mamá y papá, su hogar está con él.
Por pura necesidad, he acabado por recopilar mucha información acerca de restaurantes, hoteles y actividades que disfrutar con bebés o niños pequeños, e intentaré compartirla en otros posts.
Si has decidido posponer tu viaje soñado a España (o a cualquier otro lugar) hasta que tu bebé crezca y sea independiente, puedes estar perdiendo la oportunidad de compartir unos momentos increíbles y formar un vínculo aún mayor; al fin y al cabo puedes comprar pañales en cualquier lugar, podemos conseguir sillitas de coche o cochecitos de paseo, tronas en los restaurantes… si contactas con nosotros, estaremos encantados de organizar un viaje memorable para tres- o cuatro, o cinco…
1


Comment On Viajar con niños pequeños
MEugenia
Gracias por facilitarnos una nueva manera de viajar, conocer, experimentar…..en definitiva de sentir los maravillosos lugares que España tiene que ofrecer. Viajar con los peques es una experiencia maravillosa.